El Juego de los Tronos

 

Parece que vuelve Juego de Tronos. ¡Albricias! El frikiverso se encuentra sacudido por unos de esos seriemotos que recorren nuestras vidas de cuando en cuando. Lo celebro por los cientos de miles de fans que se encuentran en estos momentos en pleno proceso de avituallamiento para hacerse fuertes en sus sofás y disfrutar de la tarde o noche del próximo domingo. Mi más sincera enhorabuena.

Pero a mí no me gusta Juego de Tronos.

Para ser exactos, dejó de gustarme en la cuarta temporada, aunque ya empecé a aburrirme como a mitad de la tercera. Yo fui uno de lo que leyó los primeros libros hace ya muchos años, y también me causó un sopor tremebundo más o menos a la misma altura de la ¿trama? Pero le di una oportunidad a la serie por dos razones fundamentales: la música y la estética general. El excelentísimo trabajo de Ramin Djawadi (que volvió a clavarlo en Westworld) sigue pareciéndome una obra maestra, pero la apariencia y los derroteros de los personajes terminaron por mandar mis expectativas a la papelera de reciclaje mental que todos llevamos dentro.

Es lo malo de llevar una novela-río a la pantalla: al final ninguno de los personajes llega a interesarte lo suficiente como para seguir adelante. El caso de Tyrion, por supuesto, es distinto: aquí hablamos de la maestría de un actor, no del papel que interpreta. De hecho, más de media humanidad piensa que es inglés (por el maravilloso acento que usa en la serie) cuando en realidad nació en Nueva York y es más americano que las Rocosas. Maestrías actorales aparte, la serie va muriendo de la misma manera que el libro.

La razón es bastante simple, aunque muchos fans no quieran verla: Juego de Tronos no es ni más ni menos que un culebrón de ambientación medieval, ni mejor ni peor que el resto de ese subgénero pero con mucha más sangre y muerte por metro cuadrado. Siempre lo ha sido, e incluso el propio autor se vanagloria de ello (un escritor que, para mí, funciona mucho mejor en la Ciencia Ficción que en la Fantasía) dada su extensa experiencia como guionista de televisión. No es que venga yo aquí en plan intelectualoide para vilipendiar a los seriales televisivos, ni mucho menos, es sólo que todos ellos corren el peligro de terminar por aburrir a buena parte de los telespectadores antes o después.

Así que, amiguetes, después de quedarme a gusto, os vuelvo a desear una feliz temporada y que vuestras expectativas se vean recompensadas. Qué menos, es lo que yo quisiera para mí cuando vuelva Stranger Things

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